Y al César, lo que es del César. Año tras año el Primavera Sound sorprende a propios y extraños con su apuesta alternativa y arriesgada. Las adversidades y controversias les han llevado a estar en el ojo del huracán edición sí, edición también. Sin embargo, el público, impasible y fiel, ha conseguido elevar el festival en un acomodo de alabanzas y halagos.

El impasse de esta idílica situación ha venido con la confirmación de la sospecha: Frank Ocean no pisará Barcelona. Razones de la ausencia del rapero aparte –aunque ya de por sí bastante inexplicables-, el Primavera Sound poco o nada tiene que ver con la cancelación del artista, sí con la gestión de la crisis que se abría el sábado a la noche con su comunicado.

Este post no tendría razón de ser si no estuviéramos hablando de uno sino el más importante festival de nuestro país que, con una clara línea elitista y alternativa, alegaba falta de tiempo de reacción ante el imprevisto. La organización debería haber entrado en Defcon 2 tras conocer las primeras cancelaciones de Frank Ocean en territorio estadounidense hace ya tres semanas. Y, aún trabajando con el equipo del artista como afirman, buscar opciones de remplazo viables porque, sí, hablamos del mismo festival que despierta de su letargo a The Strokes para ofrecer únicamente dos conciertos en Europa.

Jamie xx sustituirá al rapero californiano. Este sería un titular celebrado si no fuera porque The xx -con su gran regreso a los escenarios- tocan en el festival el mismo viernes un par de horas antes y presumiblemente interpretarían canciones de su proyecto en solitario como han hecho en anteriores conciertos.

¿Ha sido esta una reacción mal gestionada? El festival no tiene la culpa de que Frank Ocean cancele actuaciones. Comparte el sufrimiento del plantón del rapero con el Sasquatch Festival y el Hangout Fest que le remplazaron por LCD Soundsystem y Phoenix respectivamente. No es Jamie xx un sustituto menos digno para Frank Ocean, pero sí es el movimiento más cómodo por parte de la organización.

Sin embargo, el problema radica en la posición del Primavera Sound en la hegemonía festivalera mundial, donde se vanaglorian de estar a la altura de eventos como Coachella, Glastonbury o Roskilde aunque su reacción se parezca más a la de un ayuntamiento de pueblo que pierde a Carlos Baute de las fiestas y ponen a María Jesús y su Acordeón.

Siendo las comparaciones odiosas, cuando U2 canceló en Glastonbury al escenario se subieron Gorillaz, Beyoncé no pudo asistir a Coachella y Lady Gaga le dio relevo, Drake no acude a Roskilde pero Jack White entra en escena. Estar a la altura va más allá de un cartel con propuestas arriesgadas, de cuan alto es el precio de las entradas, del número de asistentes o de los metros cuadrados de recinto.

No, señores del Primavera Sound, la ausencia de tiempo para un festival de su calibre no es una excusa sino una oportunidad para agrandar el nombre… Y la han perdido.