Por Quim Coll

Sampha siempre ha estado en un segundo plano. Bueno, no exactamente, allí dónde aparecía destacaba, pero sus dos EPs en solitario no eran el centro de atención de su carrera. Ni Sundanza en 2010 ni Dual en 2013 bastaban para poner al londinense en la órbita de las estrellas mediáticas, aún así, el colectivo electrónico SBTRKT se fijó en él para producción y colaboración de su álbum debut, SBTRKT, que consiguió un gran número de críticas positivas en 2011. Eso le valió un pase al estrellato y colaborar con artistas de la talla de Frank Ocean, Kanye West o Solange. Ahí es nada.

Sampha publicó en mayo de 2016 el que sería el primer single para un álbum aún no anunciado, la canción ‘Timmy’s Prayer’, coescrita entre Sampha, Kanye West, Eugene Records y Carl Davies, una canción profundísima sobre amores y desamores. Sampha estaba en un punto oscuro de su vida: su madre estaba luchando contra el cáncer, se había distanciado de su hermano y él mismo tenía problemas de salud. Es en ese contexto en el que anunciaba el título oficial de su álbum debut, Process, ejemplificando el proceso de duelo con el que interiormente estaba batallando. Además, junto al anuncio del disco, el de Londres publicó ‘Blood On Me’, una canción musicalmente mucho más animada pero igual de oscura, a la que el mismo Sampha define como “el concepto de la canción son mis miedos más profundos emergiendo de mi psique, y yo intentando escaparme de ellos, aunque al despertarme sigan esperándome al borde de la cama“.

En ese contexto nos llega Process. El disco no deja lugar a dudas desde la primera impresión: Sampha ha venido para quedarse. La canción que abre el álbum, ‘Plastic 100ºC’, es un tema rítmico y minimalista en el que Sampha narra de forma poética uno de los gajes más repetidos de la fama: la constante examinación y reconocimiento por parte del gran público y como conseguir compaginar todo esto con la vida personal y privada del artista. La siguiente canción es ‘Blood On Me’, ya mencionada anteriormente, y siguiendo a esta tenemos ‘Kora Sings’, una oda a su madre que, pese a su ritmo acelerado, es sombríamente triste: “You’ve been with me since the cradle/You’ve been with me, you’re my angel/Please don’t you disappear“.

Ahí entramos de lleno en el que es el corte más destacado del disco, ‘(No One Knows Me) Like The Piano), una preciosa balada en homenaje al piano que Sampha tenía en casa de su madre, al que entregó su alma creciendo, y una vez diagnosticaron el cáncer de su madre, también mientras cuidaba de ella. El piano fue un mecanismo de escape para el artista, con el que luchó contra los momentos más duros de su vida y con el que se descubrió a si mismo (“You would show me I had something some people call a soul“). Además, la canción sirve también como elegía a su madre, y a cómo, aún habiendo dejado el nido, Sampha volvió para cuidarla cuando más lo necesitaba (“You know I left, I flew the nest/And you know I won’t be long/And in my chest you know me best/And you know I’ll be back home“.)

El resto de disco transcurre de forma lúcida y trabajada, desde la suave balada ‘Take Me Inside’ fundiéndose con la base electrónica de ‘Reverse Faults’, una profunda mirada a la parte más honda de la conciencia del artista, pasando por ‘Under’, una de las canciones más hipnotizantes del disco, y la anteriormente mencionada ‘Timmy’s Prayer’. Cierran el álbum ‘Incomplete Kisses’ y ‘What Shouldn’t I Be?”, siguiendo el tono del disco en las que nos encontramos a Sampha divagando sobre el amor, sobre su futuro, y sobre sus relaciones personales.

Process se mueve en un océano de sentimientos, y podríamos decir que los negativos superan a los positivos. La mezcla oximorónica entre los beats animados y bailables y las letras introspectivas y melancólicas han dado como resultado un disco complejo, profundo pero que no se aleja de esa nueva ola del R’n’B en la que también surfean cantantes como Frank Ocean o Blood Orange. Sampha ha conseguido plasmar su alma en 10 canciones definitorias, en un álbum debut de los que marcan una trayectoria, y desde aquí sólo podemos esperar un futuro aún mejor que su presente (si cabe) para el artista británico.