Por Fon Smith

Nadie dijo que fuera tarea fácil hacer un disco de electrónica, aunque muchos quizá lo pensaran. Alejarse de estructuras convencionales y adentrarse en la investigación del sonido y los diferentes timbres que puede ofrecerte la inmensidad de sintetizadores, softwares y plugins a los que podemos referirnos hoy en día es vital para poder convertirse en una figura innovadora en la escena. Y en esto amigos, Talaboman verdaderamente juegan en otra liga.

Con una trayectoria nada escueta, paradójicamente con The Night Land (R&S Records) Talaboman se adentran en el frenético mundo del LP con un trabajo sólido y volátil a partes iguales, diferente a sus anteriores. Atrás queda Sideral (Hivern Discs & Studio Barnhus, 2014), EP remarcable de la dupla Talabot-Boman con el que quisieron hacer un pequeño homenaje al mítico Aleix Vergués, fallecido en 2006, en forma de tres temas perfectamente orientados a la pista de baile. Y no olvidemos que no estamos ante la primera aventura del español John Talabot ante la creación de un disco desde cero, vale la pena echar la vista atrás para redescubrir ƒIN (2012), una oda -avanzada para su época- a la electrónica conceptualista e intimista del productor catalán.

Sintetizando, The Night Land es la consolidación de la dupla sueco-española con un sonido verdaderamente propio apartado de estereotipos clubbers ni festivaleros, tras un largo período de cocción que les ha llevado 3 años, en los cuales han producido según sus palabras «una cantidad absurda de música». En una nota de prensa además señalaban: “queremos inflamar la imaginación; cierra los ojos y abre tu mente; amor es todo lo que necesitamos en este mundo”. Una convicción infinita compartida, en cuanto a lo que es el trabajo, una experiencia de emociones, paisajes y texturas de las que servirse cuando le des al play.

The Night Land se descubre inicialmente con un poema de Nezahualpilli -gobernante y poeta del altepetl de Texcoco (México), allá por el siglo XV-, con unos versos acompañados de una tribal estructura que no termina de romper, dejando impregnados a su paso aires de chamanismo y espiritualidad en un desierto contemplativo entre Nuevo México y Texas. Hablamos de ‘Midnattssol’, tema apertura del disco en el que se respira una superstición indígena cautivadora, como de si un submarino narcótico en tiendas de pieles rojas estuvieras viviendo mientras el sol cae. Sensaciones que Talaboman dejarán seriegrafiadas en tu subconsciente a lo largo del disco.

Tras ese inicio paisajístico del trabajo se dan lugar una sucesión de temas que han causado gran calado en la crítica internacional. ‘Safe Changes’ es una de las esencias de largo, una delicia pausada, etérea y sintetizada que aún recordará a aquellas escenas western de solitarios personajes cabalgando hacia el sol en el llano y ardiente desierto. Una estructura simple y repetitiva a la que no le hacen falta florituras ni subidones para convertirse en una más que notable pieza. Un álbum lleno de reminiscencias, cada uno con las suyas, desde luego. Tras los cambios seguros llega ‘Samsa’. Y como ya lo demostraron con Sideral -y lo hacen cada vez que se suben a un escenario- Talaboman son perfectamente capaces de transportar esa espiritualidad e hipnotismo a la pista de baile, y ‘Samsa’ es la perfecta muestra de ello. Con una base que bien puede recordar a estructuras lo-fi cercanas al house y al techno a partes iguales, el tema avanza con una sucesión de acordes de sintetizador marcados a destiempo junto a adornos tribales que retumban en el trasfondo narcótico del track. Estamos sin duda ante el tema clubber por excelencia de The Night Land -aunque bien me recuerda inofensivamente a cierto tema de Joy Orbison & Boddika-.

‘Six Million Ways’ ocupa una posición intermedia en el tracklist, situándose como un tema que puede pasar desapercibido debido además a su complejidad compositiva, pero que esconde en su estructura una atractiva progresión de sintetizadores pasados por modulador que se entremezclan con una base rítmica de lo más bailable y refrescante, y que dejan una sensación de fuerza remarcable. Un tema que bien puede encajarse en una sesión de calentamiento playera, como en hora punta del mítico Awakenings.

Y atención porque llegamos a quizá el pico mater del álbum. ‘Loser’s Hymn’ es sin duda el tema predilecto del álbum en la redacción. Muestra nítida de la capacidad compositiva del dueto a la hora de unir espíritu y cuerpo, regocijo y éxtasis, baile y reflexión. ‘Loser’s Hymn’ podría presentarse como una balada, como una canción melancólica que anhela terminar conforme avanza, y que va cogiendo fuerza con cada beat para llegar al momento en el que explota en un sinfín de emociones auguradas por una línea de sintetizador aguda que llora mientras unos bajos en el fondo abrazan los lamentos que la otra va dejando…para convertirse en un verdadero cierrapistas emocional.

El disco avanza con una llana ‘Brutal Chugga-Chugga’ que bien puede recordar a trabajos anteriores de Talabot, para llegar a ‘The Ghost Hood’, un track interesante e inmensamente bailable con similitudes a trabajos de productores interesantísimos como los israelitas Red Axes. Con una base entre el deep y el techno, el tema deja el protagonismo a unas percusiones tribales que se extienden por todo el tema otorgando un aire fresco y desenfrenado que no dará respiro a tus pies. Ello, unido a una línea muteada de sintetizador que tira un poco al acid, hace del trabajo una obra en la que fijarse y en la que se fijarán infinidad de discjockeys para sus sesiones. Mención especial a los sintetizadores que se comen la canción a mitad de ésta, para preludiar en lo que se convertirá pasado unos minutos, una ácida explosión para la pista.

Y para terminar, ‘Dins del Llit’ se postula como el mejor legado de un John Talabot que se encuentra en el mejor momento de su carrera. Con reminiscencias a ƒIN, ‘Dins del Llit’ se mueve relajadamente sin sobresaltos ni sorpresas en un ambiente oscuro pero esperanzador, para acabar cerrando The Night Land de la mejor manera posible, con un oyente extasiado y unas ganas tremendas de ver al dueto en acción.

The Night Land termina sin establecerse como uno de los trabajos del año, pero con matices y pinceladas de una línea que han sabido modular los productores John Talabot y Axel Boman, para lograr conseguir establecer una marca sonora común para Talaboman.

Ahora toca sacar a pasear el álbum, y seguir logrando ya no solo hacer bailar a la gente, sino el hacer disfrutar al público con una electrónica responsable, ordenada y reflexiva. Crear paisajes y atmósferas electrónicas en las que perdernos, en las que encontrarnos.