Todos podemos observar la falta de mujeres en el mundo de la música. No solo en el mundo ejecutivo (de eso hablaremos otro día), sino en el panorama musical alternativo en general. La primera pregunta en el proceso natural de este razonamiento es preguntarnos dónde están. Qué ha pasado con ellas. A mí parecer, hay dos posibles conclusiones. La primera es que simplemente hay menos interés por parte de las mujeres a dedicarse a la música, sobre todo en formato de grupo y en los géneros musicales alternativos y de rock. Esto podría estar alimentado debido a haber crecido con pocas figuras de inspiración femeninas en el ámbito musical. No vemos a mujeres en conciertos, ergo, no nos dedicamos a ello. La segunda conclusión es pensar que sí hay interés por parte de las mujeres, y no solo esto, sino también intento y trabajo duro para poder dedicarse a la música. Sin embargo, estas mujeres se encuentran con varios obstáculos y paredes que frenan y actúan como colador para hacer que solo unas pocas lleguen al ojo público.

Voy a compartir con vosotros algo curioso. Cuando empecé a buscar información para redactar esta sección, empecé con una búsqueda básica en Google: ‘mujeres en el indie’. No sé si os sorprenderá el resultado (a mí a estas alturas solo me sacó una risa amarga), pero el primer link que me sugería Google era cuanto menos, interesante. ‘Las 10 artistas indie más atractivas de 2014’. Gracias, exactamente lo que estaba buscando (y no, no es broma, haced la prueba vosotros). En la misma página de resultados (la primera), encontramos otro artículo de calibre similar.

Pero bueno, anécdotas reveladoras a parte, vamos al caso. Por supuesto que hay mujeres. En todos los niveles. Es lógico que haya menos mujeres que toquen la batería, en gran parte por esa falta de modelos a seguir que he mencionado al inicio del artículo. Todo el entramado social tan bonito llamado patriarcado acaba solidificándose en la idea de que una chica tocando la batería como que no. Mejor que cante, o que como mucho toque la acústica. Se acaban creando expectativas y roles de género a los que nos adherimos todos, y esto conforma una situación de desigualdad desde el principio. También influye que mucha gente no se tome en serio a una banda formada por mujeres. No es creíble, dicen. Dónde han aprendido, se preguntan. Otra vez, tenemos ideas preconcebidas sobre dónde pega una mujer. ¿Vocalista de un grupo de rock a la Paramore? Sin problema. ¿Una roadie cargando y descargando amplificadores? ¡Ni de coña!

Creo que podemos extrapolar el caso de la música al del deporte, donde la conversación sobre género está en boca de muchos. Nadie duda que haya mujeres en todos los deportes que se practican. Absolutamente nadie. Sin embargo, ¿dónde están los partidos femeninos de fútbol en prime-time? Yo al menos no los veo. Nos llegan mil argumentos dignos de cuñados, como que los deportes entre hombres son mucho más impresionantes y entretenidos, para enmascarar que el motivo acaba siendo simple: no hay demanda. No hay una demanda clara (aunque esta dinámica esté cambiando de manera lenta pero segura) de deportes femeninos en medios convencionales. Es más fácil quedarse en lo cómodo, y lo cómodo es seguir la Liga BBVA porque es lo que ocupa el 80% de cualquier informativo de deportes que se precie. En la música, estamos en las mismas. Lo cómodo es escuchar a los Arctic Monkeys, a Kings of Leon y a Muse. Total, son los que van a ir a los festivales. No nos resulta rentable ir en búsqueda de un grupo escandinavo de indie-rock conformado por mujeres, porque no es lo que nos llega.

Obviamente, esto no es cierto al 100%, y hay artistas y grupos femeninos que han conseguido consolidarse en el panorama musical y cosechan grandes hechos. Sin embargo, virtualmente todas las afortunadas coincidirán en que su caso no es la norma y en que se han enfrentado a situaciones de discriminación que un hombre en su posición ni se plantearía.

No puedo dejar de enfatizar la importancia de la interseccionalidad cuando tratamos con un caso de desigualdad de género. Sí, en el panorama indie hay una clara falta de mujeres que se desarrolla en todos los ámbitos. Pero por ejemplo, al mirar el documental Tomar el escenario (disponible en su totalidad en Youtube) el cual se centra en la presencia de mujeres en géneros como el garage, el punk y el grunge, no pude dejar de observar que, para esas mujeres, la escena indie alternativa era privilegiada en ese sentido. Un grupo formado por mujeres de color resultaría casi utópico en 2016. Es decir, cuando nos ponemos a hablar de nuestros problemas siempre es necesario y recomendable el uso de perspectiva y extrapolar las dinámicas de poder encontradas a otros campos, razas, clases sociales y, en este caso, géneros musicales.

De cara a la próxima sección, propongo un ejercicio de autocrítica que al menos a mí me ha hecho reflexionar profundamente sobre si soy parte del problema o si realmente estoy actuando para cambiar la situación. Intentad pensar, a ojo, en cuantos grupos y artistas (que entran en el género espectro difícil de cerrar indie/alternativo) escucháis en vuestro día a día. Vaya, que no vale que me digáis Taylor Swift, que de indie tiene poco. Ahora, apuntad cuántos de esos artistas son mujeres, ya sean artistas individuales, grupos formados principalmente por mujeres, e incluso dejo pasar aquellos grupos formados por hombres pero con una mujer vocalista.

Voy a compartir mi resultado porque de verdad fue esclarecedor: aproximadamente diez. Además, cuando enumero a mis grupos favoritos, ninguno de ellos están formados por mujeres, y solo uno cuenta con una vocalista femenina (Pvris). No hace falta decir que me sentí muy decepcionada conmigo misma al ver esto. ¿Cómo puedo ser tan hipócrita, abogando por una mayor representación femenina en el panorama musical, si yo ni siquiera realizo el esfuerzo de salirme de lo establecido e ir a buscar nuevas artistas? Obviamente, el sistema tiene parte de la culpa. Lo más visible son ellos. Son los que llenan carteles de festivales, los que son recomendados por amigas. Ellos son la norma. Sin embargo, y como espero que hayamos visto en esta sección, ellas existen. Ellas están. Tristemente, sufren la invisibilización del sistema a la que ayudamos todo, y para nada tiro la piedra y escondo la mano.

Si algo me ha hecho ver escribir este artículo es que hasta aquí hemos llegado. Las cosas van a seguir igual si nosotros no cambiamos. Como la útil extrapolación al deporte, solo si demandamos verlas a ellas se nos dará lo que pidamos. Mientras escribo estas líneas he encontrado varias listas de Spotify que dan el protagonismo a las mujeres en el indie, y voy a tener como objetivo personal empezar el 2017 con un gusto musical mucho más amplio, no solo en cuanto a género musical, sino en cuanto a género, punto. Os invito a que hagáis lo mismo y luchemos, desde dentro. Que vayamos a buscarlas nosotras, ya que queda claro que a los medios convencionales poco les interesa hacer la igualdad algo más asequible. Y ahora más que nunca, cualquier recomendación de artistas femeninas que creáis que merezcan la pena, son más que bienvenidas.