Por Jaime Malvido
Ilustración de Blanca Garaluce

Los grandes escenarios del rock han estado habitados en su mayoría por hombres y por bandas con una media de cuatro o cinco integrantes que a veces crecen tanto hasta el punto de que a mitad de actuación te das cuenta que en realidad hay quinientas personas en el escenario.

Todo esto se ha acabado, ni el buen rock actual lo hacen sólo los hombres, ni el mínimo para formar una banda en tu garaje son cuatro personas. Las californianas Deap Vally lo demuestran empíricamente en su último disco, Femejism, título que reivindica la igualdad poco latente en el mundo del cuero negro, las melenas al viento y los cuernos en la mano.

Son ya cinco los años que esta pareja está en activo, y lejos quedaron los tiempos en los que eran conocidas por la sorpresa que te llevabas al ver a esta banda en un escenario secundario a la hora de la merienda. Lindsey Troy y Julie Edwars ya son unas más en las listas de conciertos que ver antes de morir, y es que, la potencia que muestran en el escenario, tanto por su música como por su carisma es difícil de conseguir siendo sólo dos personas (The Black Keys también son un dúo y en los conciertos necesitan músicos de apoyo para sonar bien).

Femejism, su último álbum publicado, es una genial manera de introducir a las Vally en tu casa. Lo que encuentras dentro del disco es algo mas que sonidos y sentimientos, éste es capaz de crear en un tu cabeza una actuación live perfecta, y además de las que te pasas comentando al de al lado cada cinco minutos “buah, son la hostia”. Las canciones contienen las expresiones faciales de rabia, picardía o felicidad que cuentan las letras, sabes perfectamente cuando están paradas y cuando corren por el escenario, sabes cuando se han tirado al suelo para exprimir la guitarra o cuando han tirado media batería al suelo. Todo eso, en sólo un disco, creedme que muy pocas veces puedes encontrarlo.

Hablando de las canciones, son 13 cortes completos, casi una hora de música, otra de las sopresas porque en estos tiempos que corren con 30-40 minutos repartidos en diez temas se considera un álbum apto para ser distribuido. La característica principal son los riffs potentes de guitarra acompañados por una batería muy platillera, con la diferencia que en vez de hacer ruido es una distorsión y golpeo muy meliodioso y venido a cuento. Debido a lo bien que estoy hablando de ellas es supuesto que si hablo de las canciones una por una seguiría elogiándolas, aun así, he sido capaz de quedarme con una en concreto, ‘Teenage Queen’. Acostumbrados a las reinas adolescentes que parece que no las puedes tocar porque se rompen y que cantan con vocecillas dignas de cualquier princesa Disney, esta canción nos muestra una reina de stoner, con la fuerza digna de sus acordes y la explosividad que muestra en su letra. Quizás es estandarte perfecto para acompañar al título del compacto.

Uno de los temas más filosóficos que he tratado en el último verano de festivales es quiénes serian los cabezas de los carteles cuando los de hoy en día no existan. Entre muchos nombres yo añado a las Deap Vally, y pocas veces me confundo, aunque esta apuesta me parece cuasi segura.

Aprovecho las últimas lineas para reivindicar un cambio de mentalidad en las discográficas y en el público melenudo, las mujeres deben tener un protagonismo mayor en este mundo musical, que llegue un día que no nos sorprenda ver un grupo femenino en el cartel y que no sea la estética la que nos llame a ser sus fans. Amén.