Por Quim Coll
Ilustración de Blanca Garaluce

frank-ocean-blond-compressed-0933daea-f052-40e5-85a4-35e07dac73df«How far is a light year?», se oye al final de ‘Futura Free’, la canción que cierra el ansiado segundo álbum de Frank Ocean. Muchas interpretaciones podemos darle a esa frase: un año luz es lo que ha tardado el artista en sacar su segundo disco, un año luz es 9,461 × 10 elevado a 12 kilómetros, lo que se traduce a 9′ 24» de canción; o también un año luz es la distancia en la que Frank está sentado respecto a todos sus compañeros de trabajo. Mil interpretaciones podemos sacar de esa frase, cómo mil interpretaciones se pueden sacar del disco en general. Aquí tienen la mía, sin ningún tipo de pretensión o segundas intenciones, simple, llana y puramente todo lo que Frank Ocean me ha hecho sentir desde ese 21 de agosto en el que Blonde (o Blond, para algunos) apareció en nuestras vidas.

Antes de empezar, podemos certificar que las expectativas son un puto asco. El disco anterior de Ocean, Channel Orange, se postuló como uno de los mejores álbumes debut de la historia del R’n’B, haciéndole ganar colaboraciones con artistas de la talla de Kanye West y Jay-Z. Era una obra maestra llena de temazos, de éxitos rompepistas sin olvidar la precisión lírica y sentimental de Ocean. Nada que ver con su segundo LP, mucho más tranquilo, sosegado, íntimo y personal. Odiado a primera escucha por muchos, adorado al cabo de 25 por otros, Frank no ha dejado indiferente a nadie. Ha seguido su camino desde el principio, y lo ha seguido siendo fiel a su estilo, a su escritura, y a su vida. Y es que el álbum es eso, la historia de su vida, de sus relaciones vitales, personales, alegrías y tristezas.

La primera canción nos descolocó a muchos. Ese primer single oficial, ‘Nikes’, con esa voz de pito durante toda una primera parte en la que define excesos, fiestas y sexo parece ser que ha sido el punto de apoyo de muchos críticos y detractores del disco. Aún así, la segunda parte de la canción, ya con la voz de Ocean sin modificaciones, y la siguiente canción, la preciosa ‘Ivy’, nos presentan la parte más íntima del cantante. Concretamente, ‘Ivy’ es una de sus canciones más personales, seguramente relacionada con su primer relación, supurando emoción en cada verso, abriendo su corazón al público en el que sabía que era el álbum más esperado del año.

Así pasa también en otros temas como ‘Self Control’, ‘Sigfried’ o ‘Godspeed’, baladas lentas y emotivas que explican momentos y pensamientos privados de la vida del cantante, como si de una entrada de su diario personal se tratase. Es tal el punto de implicación del oyente en la vida del artista que hasta podemos escuchar mensajes privados y personales, como el que la madre de un amigo de Ocean le mandó a ése cuando entró en la universidad en el corte ‘Be Yourself’, o como una conversación privada con el productor SebastiAn en ‘Facebook Story’.

Hablando de colaboraciones, en los cortes ‘Pink + White’ y ‘Skyline To’ podemos oír, respectivamente, a nada más ni nada menos que Beyoncé y Kendrick Lamar. Decimos lo de oír con cierta sorna, porque aunque la lista de colaboradores del disco es amplia con nombres como los dos mencionados anteriormente, Yung Lean, o André 3000, solo éste último tiene una aportación de peso en el trabajo final, concretamente en la canción ‘Solo (Reprise)’, demostrando así la confianza que Ocean había puesto en él mismo para este proyecto.

Y es que Ocean no sólo manipula inteligentemente su vida emocional para crear historias cercanas con las que el oyente se pueda sentir identificado, sino que además disfruta de la música con canciones más próximas a Channel Orange como ‘Solo’ o ‘Nights’, además de experimentar en temas como ‘Pretty Sweet’ o el final de ‘Futura Free’. Pero aún tenemos que hablarles del que consideramos el tema más destacado del disco: ‘White Ferrari’.

El año pasado tanto el DJ y productor A-Trak como Rostam Batmanglij, de Vampire Weekend, confirmaban al mundo de Twitter que acababan de escuchar una canción nueva llamada ‘White Ferrari’ y que sería lo mejor que el mundo escucharía ese año. Las alarmas se dispararon, y los fans de Frank Ocean, que son muchos y muy intensos, supusieron que el primer corte del que por aquel entonces aún era Boys Don’t Cry iba a filtrarse en las próximas semanas. Un año pasó, y efectivamente, ‘White Ferrari’ era de Ocean y se encontraba en el segundo álbum.

Coescrita por él y James Blake, con créditos de autor a Lennon/McCartney por la frase «Spending each day of the year, White Ferrari», una referencia a la canción de los Beatles ‘Here, There and Everywhere’, ‘White Ferrari’ nos embarca en un viaje onírico y etéreo narrando una relación que Ocean tuvo a los 16 años, marcada por las drogas, tal como podemos deducir del título, que podría ser una referencia a la cocaína, o de frases como «Your dilated eyes watch the clouds float», ya que la dilatación de las pupilas suele ser un efecto normal en el consumo de ácido o LSD.

La canción sigue por los derroteros del amor libre y sin barreras, superior a toda limitación existente, ese tipo de amor que se tiene con alguien especial, con alguien como tú, ese amor que separa a quién lo envuelve de las condiciones terrenales. El mismo Ocean lo describe poéticamente, «Mind over matter is magic/I do magic/If you think about it it’ll be over in no time, the best life», o con el cierre de la canción, que parece cantado por Justin Vernon de Bon Iver pero realmente es solo Frank Ocean con moduladores de voz: «You dream of walls that hold us in prison/It’s just a skull, least that’s what they call it/And we’re free to roam».

En definitiva, el viaje que Ocean propone a sus oyentes no es algo fácil, no es algo rápido, es algo premeditado, muy pensado y elaborado hasta el punto en el que, según el propio hermano del artista, se pasaba la gran mayoría del día dentro del estudio olvidándose del mundo exterior. Eso se ha visto traducido en un álbum muchísimo más íntimo que Channel Orange, en un disco mejor producido, con una lírica mucho más cuidada, próxima y personal, que te transmite los exactos sentimientos con los que el autor escribió los temas, unos sentimientos que todos conocemos muy bien porque Blonde podría ser perfectamente el álbum de nuestra vida. «How far is a light year?», se oye al final de ‘Futura Free’, y es que Frank Ocean viene de muy lejos para poder dar al público su música, y a este paso, a saber cuando va a terminar su historia.