Por Tatiana Moro

Atravesar el túnel oscuro y melancólico situado en la post-adolescencia les ha costado a The xx dos álbumes discográficos, reconocerse como minimalistas introvertidos y seres incapaces de tratar el amor desde otra perspectiva que la del profundo dolor y la nostalgia. Con I See You han vislumbrado la luz.

La madurez, tanto personal como artística, ha sido el factor extraordinario que ha hecho de este tercer trabajo un álbum optimista y rompedor en la discografía del trío. The xx llevan ocho años como formación, convirtiendo en arte lo que experimentaban en sus vidas cotidianas de chicos de barrio. Casi una década después, algunos claman al cielo la pérdida de la esencia. Lo que no advierten es que The xx no se han traicionado, tampoco a su pasado, se trata de una aleación de innovación y experiencia.

El grupo se enfrentaba a un punto de no retorno que quizás nunca se planteó, simplemente vino dado con la sabiduría de Jamie Smith gracias a su proyecto en solitario (Jamie xx), pero que al fin y al cabo atajaron. La elección era ser aún más continuista, permaneciendo en la línea de Coexist -fruto de la insufrible presión de crítica y público-, o renovarse aportando luz.

El castigo a quienes se atreven, a quienes salen de su -bendita- zona de confort, es apalearles. No se alaba que The xx han apartado a un lado la fórmula que les ha funcionado y han explotado, prefiriendo descubrir otros caminos y revelarse como genios de estas artes.

La influencia de Jamie ha sido fundamental en la mutación de The xx, él ha sido el impulsor del cambio, sin In Colour no hubiera existido I See You. Esta intromisión no ha sido radical, pequeños detalles se divisaban ya en Coexist pero jamás Romy Madley Croft y Oliver Sim habrían coincidido en que la continuidad hubiera supuesto la muerte de The xx si Jamie no hubiese intervenido.

Durante la gira de In Colour, Jamie experimentaba y aprendía conjeturando cómo trasladar a sus amigos lo que absorbía de sus experiencias. Una idea sobrevuela el disco y las declaraciones que ha dado el grupo: ahora son más amigos, son capaces de mirarse a los ojos y componer en la misma habitación. A pesar de conocerse desde la guardería, el trío se mandaba letras e ideas por email porque les embargaba un sentimiento común de vergüenza. Más allá de la amistad, lo que se palpa en I See You es un caminar conjunto hacia delante, un lazo que les une casi convirtiéndoles en hermanos, de esos que han de sacar a su familia adelante, sin dejar a nadie detrás –un claro ejemplo es el problema de Oliver con el alcohol, al que han apoyado sin resquicios de dudas-.

Mientras Romy y Oliver componían I See You, Jamie volaba de un lado para otro en su gira en solitario. Cuando se unió establecieron una premisa: todo lo que grabasen debería ser tocable en directo y así fue. Exploraron terrenos en una confrontación pacífica entre la electrónica y la guitarra y el bajo.

I See You comienza con una declaración de intenciones, ‘Dangerous’ es una mezcla heterogénea en la que contundentes bases se entrelazan con vientos que hacen del inicio un comienzo épico. Con una percusión elegante y cristalina propia del garage house -que perfectamente puede recordarnos a un live de Jamie xx-, las trompetas emergen desde la lejanía hasta hacerse con el total protagonismo, acompañadas, eso sí, de fragmentos de la canción ‘Just’ (After Song of Songs)’ de David Lang.

Y es que no sólo en ‘Dangerous’ y la anticipada ‘On Hold’ se sirve Jamie de otras canciones. En el single había retazos de ‘I Can’t Go For That (No Can Do)’ de Hall and Oates, también sucede en ‘Say Something Loving’ con ‘Do You Feel It?’ de Alessi Brothers. Precisamente esta última se postula como una potencial rompepistas en versión light, donde tras el sample antes mencionado rompe el silencio un atronador riff de sintetizador que bien puede recordar a temas como ‘The Rest Is Noise’ -un álbum lleno de reminiscencias al anterior trabajo del tercer hombre, sin duda-. Un cántico al amor sin barreras ni oscuridad, más bien repleto de ilusión.

En ‘Lips’ los tiempos resultan fundamentales, acompañados de una base rítmica a la que no nos tenían acostumbrados -trip-hop de escuela londinense-, comenzamos a notar que la consolidación de su amistad ha hecho que Romy y Oliver hayan salido de la cueva sombría en la que estaban retenidos. Probablemente la joya escondida en el tracklist es ‘A Violent Noise’, una pieza que aumenta de poder hacia la mitad del minutaje con una elegancia conmovedora y samples que recuerdan a la primera etapa del grupo. Llegados a este punto no se puede obviar el papel de Jamie que, de forma omnipresente, es capaz de tener su propia voz a través de las melodías.

‘Performance’ y ‘Replica’ son el futuro y el pasado. La primera supone un sutil puente de transición entre la parte del álbum más bailable y lo que parece una rápida mirada atrás. La segunda vuelve a los resquicios más apagados e intrínsecos del trío tratando esta vez los problemas autodestructivos de Oliver. Pasando el ecuador del trabajo, salpica de dolor y admiración el tema ‘Brave For You’ una sensible carta de Romy hacia sus padres fallecidos respaldada por la profundidad de las bases de Jamie.

En la octava posición aparece ‘On Hold’ ese single que nos avanzó lo que sería I See You, un trabajo que hacía ver a The xx la luz al final del túnel. Por último ‘I Dare You’ y ‘Test Me’, más sombrías y confusas pero sin llegar a las primeras composiciones del grupo.

La brillantez del cambio, de no incluir arreglos electrónicos imposibles hará que The xx interpreten un directo impecable. Y es así como, sin hacer malabares musicales, la banda ha conseguido dar forma al que es su trabajo más fácilmente audible hasta la fecha. Ello con un giro en el timón que parece haber despertado innumerables inquietudes en el oyente genérico.

No se habrán desprendido de lo oscuro, de la intimidad, de la soledad; sin embargo, en I See You subyace una sensación de valentía y seguridad no conocida anteriormente. Como si hubieran preparado durante cinco años su mejor discurso, ese miedo escénico a abrir definitivamente sus corazones, con sus más íntimos delirios y pasiones, a un público que no hacía más que esperarles, y esperarles.