Por Helena Malvido
Ilustración de Blanca Garaluce

artworks-000175015158-m6y3ro-t500x5001-compressedThe Growlers son como esa noche en la que solo vas a cenar y de repente decides que sales a tomar una, pero todos sabemos que vas a llegar a casa después de que cante el gallo. Estos colegas empezaron a tocar al igual que muchos otros “por la fiesta”, y ya sabes, la cosa se lía y acabas teniendo tres álbumes de estudio y otros dos que sean o no de estudio, están bien compuestos de temas. Y ojo, que toda cena y fiesta que empieza de tranquis, acaba donde ha acabado esta historia con los Growlers, en City Club.

Bajo el sello de Cult Records y en el cual el mismísimo Julian Casablancas ha metido mano, City Club comienza con un corte con el mismo nombre, y caes rendido a los pies de las luces de neón, el atuendo disco setentero y la voz ronca de Brooks Nielsen que tiene mucha trayectoria en eso de beber whiskey y fumar tabaco. Todo sigue con ‘I’ll Be Around’ (que ha nacido con un videoclip debajo del brazo), una petición para bailar que no puedes rechazar.

La noche se va oscureciendo más y más en ‘Vacant Lot’, y el momento de salir fuera tomar el aire en la oscuridad mientras tus colegas se quedan dentro, con ‘Night Ride’ de fondo. A quién no le encantaría que Brooks Nielsen y los suyos, le visitaran por las noches a contar sus historietas noctámbulas. Una de las cosas que más me atraen es la facilidad con la que se han involucrado en un único discurso durante todo el álbum, y recomiendo a todo aquel que solo haya escuchado los dos singles, que dé al play a ‘Dope on a Rope’ y se replantee cuales son los verdaderos himnos de esta banda.

Siguiendo ese concepto uniforme, los sudcalifornianos tienen para dar y regalar en este disco, que no todo va a ser jarana. ‘When You Were Made’, por favor, no me negaréis que la habéis metido en la lista de «días de lluvia y manta», te acolcha el corazón más que la almohada en la que te tumbas uno de esos días. Si en este punto del disco no te consideras entusiasta de los creadores del Beach Goth, no tienes alma. Así de rotundo.

Bien, si llegados a este punto, no has parado de escuchar el disco, ni de leer esta crítica (nótese que la redactora es fan de la banda), brindemos por este disco. City Club, una oda a la vida nocturna, sus pensamientos turbios, marcando bajos a tope, forzando al límite las cuerdas vocales de Nielsen y ojo con esa mise-en-scène truhanesca.

No voy a ser más pesada querido lector de Oceaund dedicando palabras a cada tema, ya sabemos que «la monotonía es un asesino lento» pero añadiré brevemente un par de apuntes y te animo a que detectes cuándo sale Casablancas. ‘Blood Of a Mutt’ es uno de esos finales épicos para ponerles un piso y que ponen un broche brillante a esta trasnochadora disertación. Y qué decir de ‘Speed Living’, eso es puro growleo.

¿Tendremos la oportunidad de verles girando por nuestro territorio?