Y no, no venimos de ninguna cadena televisiva estatal.

Quiero haceros, primero que nada, una pregunta que llevo formulando durante semanas en diversos grupos con personas de otros países apasionadas por la música electrónica, como si de experimento social se tratase:

“¿Qué se os viene a la cabeza cuando pensáis en música electrónica procedente de España?”

Y pregunto esto porque, en un género tan masificado y amplificado por la sociedad y el ocio del siglo veintiuno como es todo el conglomerado de la electrónica, a veces realmente nos cuesta discernir entre aquello que se produce dentro de nuestras fronteras y aquello que no. O directamente ni lo pensamos, para qué engañarnos. Y es un tema interesante, cáspita si lo es. Lo estuve pensando hace cosa de un mes, y me pareció una idea fantástica el hablar un poco del asunto, del qué tenemos y qué dejamos de tener, de qué suena por los clubes del mundo con la marca España (como si de jamones de pata negra se tratasen), de qué deberíamos sentirnos orgullosos como hace tanta gente de otros países con sus respectivos ídolos y, sin embargo, no hacemos.

Personalmente, y hablando un poco de mi experiencia encuestadora en redes, me chocó muchísimo como la gente no caía en menciones típicas como pueden ser Paco Osuna, Uner, Óscar Mulero o Cristian Varela; grandes genios del panorama electrónico internacional por más dos décadas, con trabajos firmados por Minus, Toolroom o Plus8, y que han sabido llevar su nombre por el mundo para seguir actuando en muchos de los mejores clubs habidos y por haber, y ser símbolo mundial del techno español. Claro que alguno los mencionaba entre mis preguntas, cómo no hacerlo, pero me ha encantado comprobar que mucha es la gente que apuesta por una escena española de sonido underground que no parece terminar de arrancar dentro de nuestro territorio, pero que sí busca enérgicamente impulsos en otros países.

Un anónimo alemán, por ejemplo, me comentaba las maravillas que salían de nuestro territorio y que acababan emigrando al extranjero a buscar sus oportunidades, como de si España fuera inválida para promocionar fuera de sus límites la música electrónica, de como si existiese una Atlántida sumergida de productores con un talento sin voz que darle. Otro anónimo, esta vez sueco, alababa una nueva oleada de productores españoles de género techno relativamente reciente y que están haciendo grandes obras, mayoritariamente firmadas por sellos extranjeros y con una exportación y exposición de su música cuasi íntegra a territorios forasteros. Casos como los de Cuartero, Psyk o Kwartz son vinculables a esa escena innovadora del techno español, productores jóvenes y con un potencial altísimo que no dejan de girar por el mundo pinchando en salas de lo más remarcable, cuyos tracks están sonando en clubes de la talla de Berghain, y tiempo para que ellos acaben por esos lares si no lo han hecho ya. Productores alabados en el extranjero, que sin embargo subyacen en una escena totalmente alternativa aquí en España.

En lo que sí se subrayaban entre unos y otros al contestarme la pregunta principal era en la exaltación y glorificación del que creo es el productor español más en forma y con más tirada y consideración del momento: cómo no, John Talabot. Lo alaban, por toda Europa, por todo el mundo. El músico catalán, quien ha adoptado miles de feligreses por todas partes, ha logrado crear una línea de electrónica innovadora y underground pareja a la obra de grandísimos otros productores, y amigos, como son Four Tet o Jamie xx, con quienes ha colaborado en numerosas ocasiones, sea realizando remixes, sea compartiendo fechas o las mismas Boiler Room que venimos escuchando cada semana. Cuenta además con obras maravillosas, como su álbum de estudio ƒIN, sus interminables remixes y edits para conocidísimos artistas y no tanto, o sus colaboraciones con Axel Boman (Talaboman) o con su compañero Marc Piñol (Quentin), con el cuál suele sacar temas para Hivern Discs, sin duda uno de los sellos más interesantes del panorama nacional y al que más echa el ojo el mundo exterior a la hora de descubrir nuevas perlas electrónicas. Así, refiriéndonos a Hivern Discs podemos hablar de otros artistas muy reseñables también y mencionados también por muchos extranjeros en mi pequeña investigación: Pional no se queda atrás, desde luego. Decía una oyente alemana que hablar de Talabot es hablar de Pional, y viceversa, algo que personalmente me conmovió. Y de Marc Piñol, aunque con menor influencia, podemos decir lo mismo, interesantísimos productores que siguen una línea paralela al trabajo de Talabot y que, a mi parecer y opinión, está reventando muchísimo en la escena europea los últimos años. En el caso de Marc, con ardua carrera desde 1997 y mayor influencia y actividad física en nuestro país (residente del Nitsa de Barcelona hasta 2013), está claro que no hay una presencia internacional tan marcada como en otros casos, pero tiempo al tiempo, que siente las ideas y que le salgan las cosas bien, pues el talento y la chispa para entonar con el público la tiene, desde luego.

Con la pregunta en redes, de un modo u otro, había conseguido crear una ferviente actividad que ni yo mismo he podido controlar, imposible nombrar a todos los artistas que, según la gente que comentaba, tienen consideración en el extranjero. No obstante, otro gran mezclador español (y productor cuando su tiempo se lo permite) del que me escribían líneas sin fin era Coyu, otro gran pilar del techno español actual, concretamente en una línea más deep y melódica. También barcelonés y dueño del gigante Suara Records, sello que reconocerás por la devoción de su dueño al mundo gatuno: baste ver el “lema” de la empresa: All about Music…and Cats!, la misma fundación benéfica creada para ayudar a los gatos callejeros, o el subsello underground creado por la empresa llamado Feline. Sello que se deja ver cada semana por todo el mundo, mención especial a sus residencias en Ibiza cada verano, a través de afamados DJ’s y productores que, de un modo u otro, llevan intrínseca en las venas esa línea ‘”deep Suara” que tanto caracteriza al sello: artistas como Moby, Tube & Berger…o lo que nos interesa más para el caso, artistas españoles como el propio Coyu, Henry Saiz, Dennis Cruz, o el valenciano Edu Imbernon del que algún día escribiré unas líneas de más, pues es el referente cumbre de la terreta en cuanto a exportación electrónica en el extranjero del momento con fiestas como Fayer, gracias a las cuales (a la par que tantos otros proyectos terceros) ciudades como Valencia están viviendo un espléndido momento para escuchar a artistas que no suelen poner sus pies en nuestro país más de una o dos veces al año. Time to discover, darlings.

Pues vaya, parece que tenemos más de lo que sabemos, ¿verdad?. Y, si no te he sorprendido hasta ahora, no puede más que significar que algo bien se está haciendo en nuestra escena. Como veis, la lista es y puede ser más larga de lo que imaginábamos en un principio, además de que, por supuesto, me ciño a una línea electrónica más cercana al deep house y al techno de manera primordial. Cuestión de gustos y de sentido práctico, pues sería imposible abarcar todo tipo de música electrónica, lógicamente.

Hablemos un poco más, a partir de ahora de artistas quizá algo más escondidos, en proceso de evolución o simplemente menos activos.
De BeGun me encanta decir cosas (como hice a mediados de año, en la lista que publicamos de los 25 mejores discos de la primera parte de 2016), y es que Gunsal es un artista particular del que he percibido una clara evolución a través de los años. Si desde 2013 se dedicaba a hacer obras atmosféricas basadas en una electrónica ambiental y paisajista sencillamente maravillosa, es este año con AMMA cuando se ha adentrado un poco más en los límites de la electrónica de baile (sin dejar de lado el anterior carácter pausado y soñador de sus tracks). BeGun, quién lleva detrás de cada bolo un sorprendente conglomerado de visuales que acompañan al aspecto sonoro, ha afirmado en numerosas entrevistas su deseo de no ceñirse a nada, de evolucionar y de ir produciendo lo que le vaya apeteciendo en el momento; desde luego que si deja de producir esa electrónica paisajista caracterísitica nos deja un buen legado. Siguiendo esta línea de productores catalanes que he empezado con Talabot unas líneas más arriba, y que presenta lazos vinculantes con el extranjero, debemos pararnos un momento en el que para mí fue uno de los descubrimientos de 2014: Sau Poler. Claro ejemplo de juventud y frescura en la escena y es que, con poco más de 4 años en activo, Sau Poler se ha convertido en uno de los productores españoles que más impresión está causando por Europa con una electrónica intimista, experimentalista, algo oscura y un poco más alejada de bases rítmicas agresivas propias del techno que te recordarán perfectamente a trabajos de Four Tet o Dixon. La evolución del artista es notoria en su último trabajo: Memorabilia, con acabados profundamente minuciosos y una línea más madura y ambiciosa que sus precedentes, sencillamente espectacular, uno de los cortes del año. Apasionantes horizontes se le presentan a este joven productor que parece tiene mucho que aportar ya no solo dentro de nuestras fronteras. Ya tienes algo que escuchar esta tarde. Barbaridad.

De Tadeo, Eduardo de la Calle o Reeko también se habla y escucha más allá de nuestras fronteras, quizá en menor medida que los nombrados al inicio del texto, pero es tal la carrera y superficie que abarcan sus bolos que me parecen dignos de mención. Artistas completísimos y con una discografía detrás del todo reseñable, camaleónicos y versátiles como nadie. Además, y personalmente, me sorprendió muchísimo Tadeo en un íntimo set que presencié en el norte de Italia hace dos años, una vertiente súper experimentalista y orgánica del techno que, para los que igual no están tan informados de la escena, puede dejar a uno perplejo pensando: “¿de verdad esto lo ha hecho un español?”. Madre mía como estamos.

Cómo veis, y haciendo gloria del chiste aquél, si levantas una piedra salen cien DJ’s, pero diantres, que salen en el buen sentido. Tenemos más de lo que sabemos, y darse cuenta de la voz que se obstruye a cientos de artistas cautivadores resulta del todo frustrante. No diré que no acabé mi investigación del todo esperanzado y aliviado, como pretendo que acabéis vosotros, pues más extranjeros de los que me esperaba hablaban maravillas de la escena electrónica española y de que no hacía falta aportar ese “carácter latino” para hacer de España una buena exportadora de música electrónica. Está claro que no nos comparamos con estructuras o corrientes musicales como la viviente en Alemania o la explosión del techno en Italia en los años 90, pero nuestro país parece resultar del todo interesante de cara afuera en estos momentos.

Todos los nombrados, y por nombrar. Y así, mientras aquí reinan las noches castellanas de listas hasta las 02:30, de botellones en el parque, de “¿quién pincha hoy? Ah, pues no tenía ni idea”; ellos llenan clubes de renombre internacional, actúan en las mejores fiestas privadas de Beverly Hills y posan orgullosos en las primeras líneas de festivales.

¿Qué ha pasado con nuestro orgullo? ¿Por qué se ignora generalmente a esos artistas nacionales que sorprendentemente son parte del motor viviente de la escena electrónica internacional? Cuestión de autoestima, y de conformismo, pienso yo. Está claro que no estoy descubriendo América, pero mi conclusión es clara: deberíamos de tener más autoestima y confianza en lo que hacemos en nuestro país para poder ser nosotros mismos quienes lo lancemos al extranjero. Y si el impulso no viene de dentro, apaga y vámonos.

Y así, pese a haber tantos artistas viviendo con las voces tapadas y ocultas de cara a nuestros oídos (al más puro estilo Talabot, valga la redundancia), resulta que hay mucho que apoyar, y mucho de lo que enorgullecerse. Simplemente vean el pequeño documental, una obra de arte de Boiler Room & Ballantines que les devolverá la ilusión por un instante.