Por Fon Smith

Resulta curioso como, en apenas dos semanas del nuevo año, ya han sido publicados unos cuantos trabajos que perdurarán hasta final de temporada en los ránkings más considerados de la industria musical. En esa línea, Migration ha supuesto un verdadero pulso para la crítica, un fuerte aspaviento que no está haciendo más que augurar una estación musical maravillosa la que se avecina este año.

En el presente, y una semana después del lanzamiento de Migration, 40 primaveras luce Simon Green con una vertiginosa carrera a sus espaldas dotada de cinco álbumes de estudio. Mucho ha llovido desde Animal Magic (2000) o Dial ‘M’ For Monkey (2003), discos pioneros de un Bonobo que siempre ha sido firme precursor de géneros como el downtempo, de tempos relajados y pausados, aunque siempre con ese aliciente compositivo basado en sólidos arreglos orquestales y acústicos que siempre han caracterizado al artista.

Ya en sus últimos trabajos se ha permitido el lujo -y de una manera exquisita- de coquetear con otros estilos, acercándose a sonidos house, lo-fi e incluso techno. Migration sigue esa línea innovadora de un Bonobo que no ha dejado de asombrarnos en los últimos años, y es que podemos situar a Black Sands (2010) como el verdadero trampolín al público global, despuntando a Simon como a uno de los artistas más sugestivos del momento. Tres años más tarde lanza The North Borders, largo que supuso la consolidación y consecución cristalina de la tendencia personal que conocemos hoy en día, además de ser quizá el trabajo más audible y comercial -por raro que parezca- de Bonobo hasta la fecha (18 fueron los meses de gira mundial a raíz del LP). Es ahora, con Migration, cuando estamos posiblemente ante la obra más sólida y pulida de un hombre que se ha convertido en un auténtico arquitecto de la electrónica a día de hoy.

Bonobo -portada de este mes de la revista Mixmag- es una figura ya contrastada en la escena electrónica internacional, un icono, parte viviente de una corriente electrónica plenamente centrada en la composición melódica y armónica antes que en el típico tema rompepistas fácil de turno. Simon Green nunca ha ido a lo fácil, desde luego; bien puede hacerte un tema house, que el siguiente lo hará más cercano al post rock. Es esa flexibilidad y respeto que perfuma el artista que se ha llegado a un punto en el que se le puede permitir todo, y digo todo porque no deja de sorprendernos, hasta el punto de erigirse como un verdadero proyectista del sonido y la composición. Resulta curioso cómo se habla de deejays y productores de música electrónica tendiendo a generalizar hacia imágenes de baile, brazos en alto y jolgorio. Bonobo no entra en ese cajón.

El artista, que se ha definido como una persona tímida y minuciosa en alguna ocasión, es viva imagen de una realidad que trata día a día de exteriorizar, es gracias a él cómo podemos vislumbrar el poder de la electrónica para derribar barreras y estereotipos. El trabajo de Simon Green va directo al alma, y si pasa por tus pies de paso, mejor; es equilibrado y detalladamente cuidado.

Migration no es simplemente un viaje, es una concepción existencial, una liberación de la sujeción espacial. Decía Simon, quien vive felizmente en Los Angeles en su exilio voluntario de las islas británicas, que pudo ocurrírsele el nombre en base a la migración de las aves del hemisferio norte a países como la India para la estación invernal, a regiones como Kerala, de hecho.

El largo comienza con ‘Migration’, pieza introductoria de carácter minimalista con el acompañamiento de una percusión que bien puede recordar a aquellas de Black Sands, además de un atrayente piano interpretado por nada más y nada menos que Jon Hopkins, quien resulta ser vecino del principal y que sigue una línea musical bien afín a la suya. El tema pareció nacer de una improvisación en su casa, según ha hecho saber Simon.

El disco cuenta con tres colaboraciones principales. ‘Break Apart’ se presenta como una balada servida con excelentes timbres acústicos que dejan un tema de lo más cálido y penetrante, acompañado además de una preciosa voz aportada por Rhye. De ‘No Reason’ también tuvimos constancia anterior, en un tema que podría ser no tanto el track en sí sino la colaboración -Nick Murphy, mediática desde luego-, sin embargo en este caso hablamos de un tema profundo y potente que crece de forma exponencial hasta fundirse con una bailable base housera. La tercera colaboración, quizás menos afamada que el resto -aunque no menos reseñable-, es ‘Surface’, con Nicole Miglis de Hundred Waters, que se postula como una canción más pop siguiendo una línea similar a CHVRCHES o a los propios Hundred Waters.

Es tal la gracia camaleónica de Bonobo, que a lo largo del trabajo nos encontramos también con dos temas situados a niveles más oscuros de la electrónica, puntos ágidos del LP:  ‘Outlier’ por un lado, el cual, con un inicio sosegado, va creciendo hasta convertirse en un verdadero rompepistas con un fabuloso final que bien puede recordar a himnos recientes del techno como ‘No Distance’; y  ‘Bambro Koyo Ganda’ por otro, un original corte estimulante y bailable acompañado íntegramente de coros africanos. Una experiencia diferente.

‘Second Sun’ es un tema genuinamente especial del que quiere hacernos parte, una de las joyas escondidas del disco que deberás descubrir. Así, se desmarca del álbum ofreciendo una experiencia única que bien podría invocar a bandas de post rock como Balmorhea o The Album Leaf, una declaración de intenciones y convicciones, un «aquí estoy con este disco de electrónica y os planto esta maravilla aislada para aliviar vuestro día». ‘Second Sun’ se desliza entre instrumentos de cuerda y una línea de piano cristalina y esperanzadora para demostrarnos que Bonobo no es un simple productor de electrónica, sino un verdadero compositor y perfeccionista del sonido.

Llegamos a ‘Kerala’, archiconocido tema que ya desveló en su momento con un videoclip de lo más singular. El corte, exquisito, ponderado en su totalidad y creador de una sensación hipnótica que se extiende hasta su fin. Sin duda una de las sensaciones de Migration.

El disco termina con dos temas soberbios y soñadores: ‘Figures’ y ‘7th Sevens’. Éste último se trata de una verdadera delicia electrónica armónicamente perfecta. Fundamentado en una línea de bajo absorbente y un snare -que no dejará de rebotar en tu cabeza- mientras unos sintetizadores -que bien pueden recordar a los escoceses Errors- ondean en una templada base a 120 bpm; dando como resultado una composición que no podrás comparar a la ligera.

Migration deja de sonar, y a mí se me queda una sensación vertiginosa de que enero ha dejado un listón tremendamente alto en cuanto a lanzamientos. Sea por entusiasmarse, Bonobo ha cumplido y continúa alongando su estela. Ahora no queda más que esperar a marzo para verle en acción, para fundirnos en su atmósfera etérea y ser testigos de un concepto electrónico que poco a poco va ganando adeptos, aquél basado en la sensibilidad, en la composición cuidada y minuciosa para unir espíritu y cuerpo al son de una canción.