Por Quim Coll

Ya han pasado un par de años desde que Julien Baker se presentase al mundo con su álbum debut, el maravilloso Sprained Ankle, en el que la cantante de Memphis se desnudaba hasta la piel hablando de sus sentimientos, su depresión, su relación con la religión y otros temas sobre los que la mayoría de nosotros hablaríamos sólo con una persona profesional. Canciones como ‘Rejoice’, ‘Go Home’ o ‘Something’ retumbaron en nuestros oídos y despertaron nuestra comprensión; nos hicieron sentir como en casa. Tras su fichaje por Matador Records y dos singles más, ‘Funeral Pyre’ y ‘Distant Solar Systems’, y su paso por el Primavera Sound en 2016, las expectativas para su segundo álbum estaban por las nubes. Y Baker cumplió, y de qué manera.

Su segundo disco, Turn Out The Lights, abre con una breve introducción instrumental que ya nos deja prever un cambio en ese sonido característico e intimista que inundaba el primer disco. Violines y piano entran en el plano musical para la primera canción, la que fue el primer single ‘Appointments’. “Maybe the emptiness is just a lesson in canvases” canta Baker, hablando sobre cómo su salud mental afecta a sus relaciones, un tema más que recurrente en su música. Pero algo ha cambiado. Tal y como en su primer disco sonaba frágil, delicada y resignada, en su este segundo Baker parece haber perdido la paciencia, parece estar harta, hasta el punto de acabar gritando “Maybe it’s all gonna turn out all right/Oh, I know that it’s not, but I have to believe that it is”.

Y es que Baker parece más consciente de su situación que en el primer disco; la lucha con sus demonios internos y la soledad y el aislamiento que eso le provoca siguen estando patentes pero esta vez de una forma mucho más física. En canciones como ‘Turn Out The Lights’ o ‘Shadowboxing’ (literalmente, un boxeador luchando contra su propia sombra), encontramos una Julien Baker resentida con lo que le rodea, pero sobre todo, con ella misma. Otros temas como ‘Sour Breath’ o ‘Televangelist’ tratan sobre la toxicidad en las relaciones, tanto con la gente que nos rodea como con uno mismo. “The harder I swim, the faster I sink”, canta en la primera, tras evocar ls dificultades que puede tener una persona con problemas depresivos para salir de una relación tóxica. En cambio, en la segunda, de una forma casi masoquista, la de Memphis busca formas de autoevasión: “Hold the chorus in between my ears until I go deaf/That remind me exactly what I am every chance they get”. Es toda una muestra más de la maestría lírica de Baker, que con tan solo 22 años tiene la pluma tan afilada como cantautores de gran renombre y trayectoria.

En las siguientes canciones, ‘Everything That Helps You Sleep’ y ‘Happy To Be here’, Baker repasa sus problemas de insomnio y su vida soñada. En las dos canciones se repasa una de las inseguridades máximas de la cantante: la preocupación de que por muchas cosas buenas que haga, no importen, y no ayuden a que su vida mejore. La primera, casi una plegaria, y la segunda, dónde Baker se imagina su vida soñada pero acaba por desilusionarse: “Well I heard there’s a fix for everything/Then why, then why, then why/Then why not me?”. Siguiendo con ‘Hurt Less’, una de las canciones más sinceras de su trayectoria, Baker repasa usando un tema ya conocido como es el de los accidentes de tráfico (recordemos ‘Blacktop’ de su primer disco) como por mucho que ella no quiera cuidarse a sí misma, tener que cuidar a alguien cercano puede hacer que aprecie su propia vida. Literalmente: “This year I’ve started wearing safety belts/When I’m driving/Because when I’m with you/I don’t have to think about myself/And it hurts less”. ‘Even’, seguramente la canción más floja del disco, sigue siendo una pieza preciosista y delicada marca de la casa.

Y con esto llegamos al cierre del disco. La canción más destacada de su primer disco fue la última, ‘Go Home’, una crudísima balada de piano, y en el caso de Turn Out The Lights los tiros van por el mismo camino. ‘Claws in Your Back’ se filtró hace unos meses en forma de vídeo en directo: Baker y su piano cantándole a su depresión, y escenificándola como un demonio agarrado a su espalda que impide que su vida siga adelante. Aún recuerdo ver ese vídeo por primera vez y llorar, igual que lloré la primera vez que escuché la versión de estudio. Si en su primer disco hemos dicho que Baker se desnudaba hasta la piel, aquí nos deja ver hasta sus órganos. De lejos su canción más violenta y visceral, aunque la dulce melodía de piano no lo indique, la cantautora trata temas como las autolesiones o el suicidio: “Pump the vitals out of my wrist/’Cause I’m conducting an experiment on how it feels to die/Or stay alive”, o “The easy way out and the hardest part”, canta Baker, con la voz casi quebrada. No obstante, la canción acaba con una nota positiva: “I think I can love/The sickness you made/’Cause I take it all back, I change my mind/I wanted to stay.” Baker decide aceptar sus fallos, abrazar sus problemas, e intentar mejorar y encontrarse mejor a través del amor propio, del tiempo y de la esperanza.

Julien Baker ha demostrado con tan solo 22 años una madurez impropia de su edad. La forma de afrontar sus problemas de salud mental, extrayendo historias a través de la experiencia y poniéndolas sobre papel de una forma personal pero transferible; cualquier persona que haya pasado por algo parecido, ya sea adolescente o adulta, puede sentirse terriblemente identificado con las canciones de Baker. Y eso ayuda, ayuda muchísimo. De hecho, los conciertos de Julien Baker en España de la mano de Primavera Sound han sido este viernes pasado en la Sala El Sol de Madrid (junto a Gordi y a St. Woods) y hoy mismo en la nueva [2] de Apolo de Barcelona (junto a St. Woods), y pueden servir como una especie de terapia, una experiencia catártica, un cúmulo de emociones que seguro sublimarán en lágrimas. Así que ya sabéis, no os olvidéis los pañuelos.